viernes, 24 de octubre de 2008

el cabaret de muzas*


El refugio vagabundo del crepúsculo

A Lizette; luz, oleaje, todo viento.

“No me des tregua, no me perdones nunca. / Hostígame en la sangre, / que cada cosa cruel sea tú que vuelves”. El sabor de la despedida me dejaba aguardando tu posible indiferencia. Mis palabras bostezaban en tus inescrutables orillas; mientras un poema algo infame, era el medio irremisible, abrasador, de pensar en ti.

Presentí la distancia, más aún, si esta excusaría aquel silencio tuyo, turbador. Adoré las migajas y las ternuras, esas manos vacías y el viento libre, las noches continuas. Afine tu ausencia y reinventé las promesas. “Yo te pido la cruel ceremonia del tajo, / lo que nadie te pide: las espinas / hasta el hueso. Arráncame esta cara infame, / oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre”.

Y te espero, sin esperanza, y te añoro, sin distancia, y de noche.

(*) PEDRO OLÓRTEGUI HUAMANÍ

3 comentarios:

María dijo...

Me ha encantado, sobre todo lo de "Y te espero, sin esperanza, y te añoro, sin distancia, y de noche." Me trae muchos recuerdos.
saludos ^^

Anónimo dijo...

creo que si vas a dedicar algo a una persona deberias hacerlo de manera directa y no de forma genérica para dar a entender que es para cualquiera que te lea.

Lizette

Anónimo dijo...

quienes son o que deben ser las mujeres, que se merecen ser dedicadas en tus escritos, ¿que de especial deben tener?